ANÉCDOTAS

por Julio Seguel

            Entre todas las anécdotas que me han pasado, en esta larga estadía en Japón, este mes les contaré un par de ellas.

            Hacían pocos días que había llegado a Japón, y tuve que lavar mi ropa.  Pues bien, fui al supermercado a comprar detergente en polvo, pues bien, como siempre hay que comprar lo más barato para hacer que el dinero de uno dure lo más posible, me puse a hacer una análisis económico técnico de las cantidades de detergente que me vendían por determinado precio, tomando en cuenta también el aspecto del empaque, porque para que decir que entendía algo de lo que decían las cajas.  Pues bien, compré el que me pareció mejor, lo llevé a la pieza del hotel en que estaba, lo disolví en la tina, en la cual ya estaba remojando mi ropa para el lavado.   No salió espuma, que raro, tal vez le faltará, le puse un buen poco más, el agua quedó un poco espesa.  Ya era tarde, y en verdad, se hizo luego muy tarde, pues me pasé toda la noche, primero tratando de botar el agua espesa de la tina y luego enjuagando y enjuagando toda mi ropa, la cual, de todas maneras quedó más tiesa que la belleza del barrio en su traje dominguero luego de ir a misa.  Lo que había comprado era el mejor substituto del almidón para endurecer los cuellos de las camisas.

 

            Y ahora la segunda.

            Era de noche, no muy de noche, pero bastante como para que ya hubieran cerrado los supermercados del barrio.  Mi mujer estaba cocinando algo rico para el día siguiente, (siempre le gusta cocinar por adelantado para el día siguiente, el subsiguiente y un día más también) y se le acabó la sal.  Por supuesto, me pidió que fuera a comprar sal.  Como de esto ya hacen más de 10 años, no habían por todas partes los pequeños mercaditos de conveniencia, tales como Seven Eleven, Family Mart, etc.

            Ya es tarde, está cerrado el supermercado por lo tanto ¿adonde puedo ir a comprar sal?  Anda a la botillería, esa está abierta, fue su respuesta.

            Por supuesto que la botillería está abierta, pero, ¿comprar sal en una botillería? ¡que raro!   Para no hacer el ridículo, preguntando por sal en la botillería, tuve que ir a un pequeño almacén de barrio, que me quedaba muy lejos, pero que yo sabía que estaba abierto hasta tarde.

            Pasado el tiempo entendí que en verdad, en las botillerías venden sal, la razón no es que a los japoneses les guste mucho tomar tequila a la cual le ponen sal y otros tragos exóticos, sino que, incluso todavía, el monopolio de la producción y venta de sal lo tiene la compañía de tabacos, la cual también es un monopolio, aunque sea una sociedad anónima.  Y como en las botillerías venden tabaco, también venden sal.