LA EDUCACIÓN

                                                  (Un fundamento o tan solo un factor)

por Julio Seguel

Noviembre de 1991

            La industria japonesa, espe­cialmente la industria elec­trónica, la indus­tria pesa­da, la petro­quí­mica y mu­chas otras están muy avanza­da y sus pro­ductos invaden el mundo.  En el extranjero existe la creen­cia de que gran parte de este pro­gre­so logrado por la industria japo­nesa se debe a la educación.  Hay muchas esta­dísti­cas que pare­cen demos­trarlo.  Como ejem­plo se puede citar que éste es uno de los pocos países sin anal­fa­be­tis­mo, a pesar de lo com­plejo que es la escritura, impor­tada desde China en tiempos remo­tos, con toda la secuela de sus por lo menos 2.000 kanjis indispen­sables para leer el diario y varios otros miles a saber para ser considerado per­sona real­mente culta.

            Al respecto, como anécdota, se puede decir que para que Japón siga manteniendo su tasa de analfabetismo en cero, a los extranjeros que se na­cionalizan japoneses por cualquier moti­vo, se les exige una prueba de rendimiento de japonés, en la cual debe demostrar que por lo menos sean capaces de leer hiragana y kata­kana.  (Esto me lo contó un amigo español-japo­nés y luego un chino-japonés.)

            Para un extranjero que se con­sigue una beca para ingresar como estudiante de investi­gación en una universidad japonesa, la empresa le parece un reto alarmante.  Piensa, antes de llegar, que por todos lados tan solo encon­trará de esos profeso­res que salen en las películas, pe­lados y tan dis­traídos que muchos días llegan a la facultad con pija­mas y andan cho­rreando por todos lados nuevas teo­rías, ecuaciones, ideas, etc.

            Luego de haber estudiado 6 ó más años en Chile, con un alto ni­vel, con algunos profeso­res muy exi­gentes, en un medio casi absoluta­men­te teórico, se tiene alguna con­fianza pero siempre se está teme­roso del ambiente que se encontrará acá, en la mejor univer­sidad japone­sa, con varios profesores famosos mun­dialmen­te.  Pues bien, al lle­gar, comien­za uno a ver la luz al final del túnel.  No existen tales super­pro­fe­sores, no existe el régi­men exigente de las Universidades Chi­lenas, las clases que hacen los pro­fesores japoneses no son ex­haustivas, co­rres­pon­den más bien a una intro­duc­ción al te­ma, a una incentivación, por si acaso al­guien quisiese pro­fundi­zar­lo.   Bas­ta con asistir a muy pocas activida­des obligatorias, el resto es total­mente libre.  Los cursos normalmente no tienen una prueba final, tan solo es necesario hacer un informe, un pe­queño estudio sobre al­gún tema ele­gido por el pro­fesor o seleccio­nado por uno mismo.  En re­su­men, no es ni muy difí­cil, ni qui­ta mucho tiempo, ni se necesita ser un su­per­hombre para poder lograr el título de doctor.  Tan solo se nece­sita la paciencia para asistir a los 6 meses de ense­ñanza de japonés, los 6 me­ses de estu­diante de in­vestiga­ción, antes de rendir el exa­men de ingreso a la escuela de post gradua­dos y finalmente a los 5 años del curso de postgrado.  Por supuesto que hay que tener un rendimiento aceptable, preparar sus temas de investigación dedicadamente y publi­car varios artículos en re­vistas científicas, parti­cipar como conferencista en conferencias nacio­nales e internacionales.  No son 6 años de vaca­ciones pero tampoco son tan ar­duos.

            ¿Eran los compañeros superdo­tados?  Sin duda, algunos lo eran, pero también en Chi­le, algu­nos de mis compañeros lo eran.  Entre ellos, el pelado Buchi, el Guido del Pino, el gringo Miller.  Estudiantes con super desarrolla­da inteli­gencia, que bien pueden destacar en Chile o don­de lo deseen.

            No es muy sobresaliente enton­ces la educa­ción superior japonesa. 

            Pues bien, ¿a qué se debe en­tonces el pro­greso si no está basado en la educación?  No se trata sólo de una u otra causa.  Se trata de una gran canti­dad de factores en los cuales tan solo uno de ellos es la educa­ción.  Especial­mente supongo que la educación de la masa es muy impor­tante, el entender órdenes comple­jas, el pensar por si mismo frente a una situa­ción desco­nocida es mejor hecho si uno tiene una buena base educacional.  Tal vez lo más impor­tante es la actitud del trabajador frente al tra­bajo.  Cada japonés piensa, que lo que está siendo es indis­pensable, que él y sólo él puede hacerlo y tam­bién la compañía en la que trabaja se lo hace pensar.  El tratar de "sacar la vuelta" es práctica­mente no existen­te, si un trabaja­dor no tiene nada que hacer, inventa el mismo un tra­bajo y lo hace con un ahínco y dedi­cación como si toda la compa­ñía y su existencia futura dependiera de ello.

            Frente a esta actitud, hasta a mi, me bajan de vez en cuando, no muchas veces en realidad, una ganas tremendas de trabajar, aun­que la mayoría de las veces, tan sólo me quedo en las ganas.

            Hasta el próximo mes.

 

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