REGALITOS VAN, REGALITOS VIENEN
por Julio Seguel
Siempre que voy a
Santiago, voy tan cargado como mi tía que desde Chimbarongo nos venía a visitar
a nuestra casa de 10 de Julio, trayéndose normalmente todo lo que encontraba a
mano, incluyendo normalmente un pavo, o un ganso, o medio chancho. Rico el chancho, al que nos comíamos
completo, con un cierto recelo por la triquinosis, ya que el chancho de mi tía,
había visto al veterinario sólo cuando éste (el veterinario, no el chancho)
venía a citar a mi buenamoza prima para sus paseos sobre el puente de troncos
en la acequia que corre al otro lado del camino.
Todos los
familiares, vecinos, amigos, esperan siempre el engañito, del que vive en
Japón. Por supuesto que para mí más que
una responsabilidad, se ha convertido ya en un placer, ver al pelao, guatón y
más "pelao" que antes pero ahora por causas naturales y no por el
corte que le hizo el aprendiz de peluquero en la academia, como cuando era
chico y a tantos otros ya viejos.
El problema, es
¿qué cosas se pueden comprar en este país, en que todo es tan caro? para
llevar.
La mayoría de los
artículos electrónicos japoneses, están más baratos en Santiago, donde hay
además mucha variedad y los equipos ya están listos para trabajar con 220 V, 50
Hz, usan las frecuencias de las radios de FM y canales de televisión que hay en
Chile, etc., las que son diferentes (por si no lo sabía le paso el dato).
Pues bien, aquí
les cuento mis experiencias, esperando que otras personas también nos
comuniquen las suyas, para que entre todos, mejoremos la técnica del qué
comprar y qué llevar.
Como tengo dos
hijos, siempre uno puede llevar cosas para niños y se los entrega a los niños
para que sean ellos los que se las regalan a sus amiguitos, de esta forma uno
queda bien con los padres de ellos.
Cosas para niños las compro normalmente en esas ferias en las que todo
vale ¥100, siempre hay pequeñas bolsitas con dibujos simpáticos, gomas para
borrar de colores, con figuras de animales, autitos, lápices de grafito con
figuritas, pequeños bloques de papeles para tomar apuntes, cuadernos,
espejitos, mondadientes finamente torneados,etc.
Además, para los
más grandecitos, en los negocios de descuentos, se pueden encontrar
oportunidades como CD (discos compactos) por ¥380, cámaras fotográficas
desechables por ¥450, cassettes de video en paquetes de 3 por ¥1000, muñecas
Barbie hechas sin pedirle permiso a Barbie, autitos de juguete con modelos ya
pasados de moda que nunca se vendieron, flores bailarinas, etc.
Todas estas cosas
tienen un alto valor en Santiago, o son novedades absolutas, muy bien
recibidas. Un par de cámaras
fotográficas desechables permiten hacer un muy bonito paquete, el cual junto
con una botella de vino, lo hacen quedar a uno muy bien con la familia que lo
invitó al asado en su patio un domingo.
Al llegar con mis
maletas a Santiago y pasar por la aduana, mandamos al niño a apretar el botón,
pues él tiene buena suerte, pero igual salió luz roja. Nos revisaron todo, todas las maletas y
bolsas. El televisor a pilas y el
tocadiscos compactos que iban muy bien protegidos, fueron de los primeros que
salieron a relucir (me cobrarán impuesto e IVA por todo pensé), luego de
mirarlos, hacerlos funcionar, la revisora los puso en el mismo lugar donde
estaban y no dijo nada. Se pasó el
susto que tenía el cocodrilo del bolsillo.
Siguió la revisión y el reclamo que se nos hizo fue por aquellos cientos
(varios cientos) de gomitas, papelitos para origami, lápices de colores. Si uno lleva muchas cosas iguales o
parecidas, no importando su valor, los revisores de aduana se ponen a pensar
que es para negocio. Aunque parezca
absurdo, gastar en un pasaje más de dos mil dólares, para vender gomitas y
papelitos, me hicieron la pregunta, en forma insistente. ¿Es para negocio?
Espero que en
verdad alguno de los lectores de esta revista sepa de un negocio que se pueda
hacer en los viajes a Santiago. El
negocio de la cocaína ya lo he pensado pero prefiero otro con menos sobresaltos
para el corazón.
Ahora, qué cosas
traer desde Santiago. Aquí sí que me
pongo ilegal, pero no es para menos. Me
gustan las callampas para los tallarines, son deliciosas y nunca las he visto
en Japón, por lo tanto, me traigo unos pocos kilos (2 kilos hacen un bulto
grande), algunas conservas de mariscos surtidos, de esas para caldillo, con
sabor a mar chileno, algunas sopas instantáneas con muy rico sabor (dicen que
en Japón no hay de esos tipos por contener substancias nocivas para la salud
(léase cancerígenas)). ¡Cómo puede
venir mi maleta sin un par de kilos de porotos, lentejas, garbanzos, unas
bolsas de orégano, otros aliños surtidos, algunas papayas en conserva y una que
otra tripa de paté de foi grass, hecho seguramente con interiores no vendibles,
pero exquisito! Excepto las conservas,
ninguna de las otras cosas se pueden entrar ni a USA, donde hay que hacer
escala, ni a Japón, pero, lo juro, mi afán no es causarle daño a la flora ni a
la fauna de estas naciones, sino el sentir, el saborear el campo de Chile en
Tokio. Cuando llene mucho las maletas,
tenga cuidado. Si bien Canadian permite
traer todas las maletas pesando cada una hasta 32 (léase 35 kilos), LanChile
sólo permite 25 kilos y me han cobrado sobrepeso (unos ¥10.000) porque una de
las maletas venía con más de 25 kilos aunque el conjunto de ellas, en promedio,
pesaba menos de 25 kilos y eso que mi pasaje era en clase ejecutiva. No hubo caso y tuve que pagar, perdí ¥10.000
pero ellos perdieron decenas de mis viajes. Última vez que subo en LAN, dije en
ese momento. (Bueno, recientemente he vuelto a subir en vuelos locales, no hay
otra y mi enojo, con los años, ha pasado en gran parte.)