LA SEGURIDAD DE TRABAJO EN JAPÓN

por Julio Seguel

Mayo/Junio 1993

Hasta recientemente, el trabajo en una compañía japonesa era algo permanen­te.  El entrar a la compañía era igual a un matrimonio católico, es decir, de por vida, en las buenas y en las malas, donde hablar de divorcio es tabú.

Los tiempos cambian y aunque el matrimonio católico sigue siendo de por vida, el trabajar en la compañía ha dejado de tener ese caracter eterno.  Son los fríos resultados de las "relativas" penurias económicas recientes.

Algunas compañías grandes han comenzado el plan de retirar a temprana edad, a sus ejecutivos que no estén prestando servicios de buen nivel.  Pues bien, en cada compa­ñía, incluyendo la mía, hay una gran cantidad de personas que han sido nombradas ejecutivos, con cargos de asesores de los ejecutivos encargados en realidad del manejo de la compa­ñía.  Estas gentes, si bien tienen un muy buen sueldo (mucho mejor que el mío, hecho del cual parte mi envidia), no tienen en realidad mayor respon­sabilidad ni tan si­quiera hay trabajos encargados a ellos, más que deben efectuar papeleos burocráti­cos y apoyar a los ejecutivos en las tareas que les soliciten.

Estos ejecutivos venidos a menos, son los que han sido recientemente, objeto de las nuevas medidas de cesación de trabajo, además de solicitar voluntarios para retirarse entre todos aquellos que hubieran cumplido más de 50 años, en la mayoría de los casos.

La sociedad japonesa no verá bien, por ahora, que tales personas sean simplemente despedidas, por lo cual, se les ha estado buscando afanosamen­te nuevas posiciones, en compañías que son depen­dientes o creándoles compañías en las cuales todos trabajan ya no de ejecutivos.  Se les da trabajo, pero se les recorta el sueldo, muchas veces a la mitad o a menos aún.

Todas estas personas han trabajado más de 20 ó 30 años, por lo tanto, podrían jubilar, pero, la dura realidad, es que no es posible jubilar, hasta tener por lo menos 60 años de edad y en un futuro próximo, hasta cumplir los 65 años.

Cuando llega la edad de retirarse de una compañía, incluso en tiempos anteriores a esta "crisis" económica actual, los trabajadores "jubilaban" a una edad variable, dependiendo de la compañía y de su puesto específico y recibían una fondo de jubilación, fondo con el cual tenían que sobrevivir hasta que llegara la edad de recibir la pensión mensual.  Esa edad era en la mayoría de los casos los 60 años de edad.  Ahora la tendencia es que sea a los 65 años.  Poco a poco se está atrasando tal edad para unificar en 65 años.  El fondo, sólo para fijar las ideas, es de algo así como diez millones de yenes.

Por lo tanto, era necesario encontrar un trabajo para sobrevi­vir entre los 55 y los 60 años.  En el futuro será necesario vivir sin el trabajo principal entre los 55 y los 65 años y para los recién despedidos tendrán que sobrevivir desde los 51 a los 65 años, con bajos sueldos, sin una buena previsión y con las facultades físicas y mentales en muchos casos disminui­das, con respecto a las de una persona más joven.

Dura realidad de un país que está ya desarrollado, en el cual la población cuenta con pocos jóvenes y donde la previsión está basada no en el ahorro de uno durante su vida de trabajo (como afortunadamente es en Chile), sino en que los jóvenes que están trabajando, deben soportar a los viejos.