LAS UVAS

por Julio Seguel

Junio de 1992

            ¿Le gustan las uvas?  A mi también.  Desde que llegué a Japón, hacen ya mucho tiempo, que no había saborea­do uvas, con sabor a uva.

            Hace unos pocos años fue aceptada la importación a Japón de la uva chilena. Luego de muchos estudios, incluso misiones que fueron a investigar exhausti­vamente los métodos usados, los pesticidas, las plagas que pudieran venirse en los cajones de uva, etc. salió al fin el sí.  Costó muchísimo más que el sí de una doncella, pura, inocente y con mucha plata (como las princesas de los cuentos para niños).

            Salieron las noticias en la televisión, propagandas del supermercado del barrio en la cual se ofrecía para el sábado, uva chilena, a ¥500 el paquetito.  El sistema métrico decimal es algo que no se conoce en las fruterías japonesas.  Todo se vende por unidad, montones, lotes, o cerros (como llaman ellos a tres o cuatro manzanas).  Estaba feliz, era primera vez que comería uva de verdad acá en Japón y no la uva con sabor a frambuesa perfumada que normalmente se produce en los cerros de Yamanashi.

            Y pasó, lo que todos sabemos, 2 granos de uva envenenados en los Estados Unidos, con cianuro, que no pudo ser puesto en Chile, pues, por el tiempo que dura el transporte de las uvas, el cianuro se habría descompuesto y no habrían habido ni trazas de él.  Gran escándalo en los Estados Unidos,  se prohibió la importación de la uva chilena.  Y Japón, que nunca ha tomado una decisión por si mismo, también prohibió la venta de la uva chilena, aunque no había ninguna relación entre la uva vendida en Estados Unidos y la que llega por estos lados.  Y me quedé con las ganas.  Luego de varias semanas, aprobaron en Estados Unidos la venta de la uva.  Por simple coinciden­cia, unos días des­pués, también fue de nuevo aprobada su venta en Japón. Pero....

            El daño ya estaba hecho.  Ningún japonés compraría uva chilena, imaginán­dose que se moriría con una terrible agonía, si probaba el rico veneno.  Por lo tanto, reapareció, no en los grandes supermercados, sino en las pequeñas fruterías de barrio, con un gran cartel de que era uva de California.  Imposible, pues California está en el hemisferio norte y en esta época no hay uva.  Luego de varias discusiones con la frutera, y de una somera investigación con la vista de las cajas que, por falta de espacio, no puede ocultar completamente, le mostré que era uva chilena.  Llegamos a un pacto, ya no pondría el letrero que era de California, no diría nada sobre su origen.  Hemos hecho las pases, todos los días le compro un cerro de uva (de esos de ¥500) y ya somos amigos.

            Pero, no tan solo en mi barrio pasa lo mismo, hace unos pocos días, al visitar a un amigo boliviano, en Bunkyo Ku, parte norte del Tokio central, vi uvas chilenas, sin ningún letrero especial.  Le pregunté al frutero ¿De dónde son estas uvas?  Pues, sin dudar contestó, de California.  La misma investigación somera con la vista de la frutería de mi barrio resultó.  En un cajón decía, en inglés, producto de Chile.  Pero, este tipo me salió más testarudo y para ganarle, tuve que comprarle 3 cerros (de ¥500), con lo cual aceptó que eran uvas chilenas.

            Cuando salga este artículo en la revista de Rapa Nui, seguramente ya no quedarán uvas chilenas este año, pero fíjese bien el próximo.  Las uvas negras, grandes, muy sabrosas y con pepa, son chilenas y no permita que le pasen gatos por libre (uvas chilenas por californianas).  También hay rosada y blanca, aunque en menor cantidad.  Póngase la camiseta, también en las uvas.

            Hasta el próximo mes.